Regina Elmi es la directora ejecutiva del Comité Educativo de Padres Somalíes. Ann Ishimaru es profesora de educación con grado de asociada en la Universidad de Washington. Las autoras escribieron este documento junto a otros 10 dirigentes de las comunidades de padres afroestadounidenses, somalíes, latinas y vietnamitas de los distritos educativos de Renton, Federal Way, Kent, Highline y Seattle.

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Miles de familias y proveedores de cuidados del condado de King sienten preocupación con el funcionamiento en línea de las escuelas. En los últimos meses, hemos vivido la devastación que ha producido la COVID-19 y un verano de ajustes de cuentas por racismo contra los negros desencadenados por las muertes de Ahmaud Arbery, George Floyd, Breonna Taylor y el asesinato a tiros de Jacob Blake.

También observamos que las desigualdades raciales se profundizan en nuestras escuelas. Con las dificultades y frustraciones de este momento, muchas familias de las comunidades de personas negras, indígenas y de color (Black, Indigenous and People of Color, BIPOC) se han movilizado para encontrar maneras creativas de apoyar y educar a sus hijos.

Education Lab es un proyecto de The Seattle Times que presenta enfoques esperanzadores para los constantes desafíos que enfrenta la educación pública. Se creó en sociedad con la Red de Soluciones para el Periodismo Solutions Journalism Network y es financiado con una subvención de la Fundación Bill & Melinda Gates, Amazon y City University of Seattle. Conozca más sobre Ed Lab.

Retamos a nuestros sistemas educativos para que tomen en cuenta: ¿qué podríamos crear juntos si nos salimos de lo que se considera “normal”? Algunas de nuestras ideas incluyen cooperativas familiares, educadores comunitarios, ayuda tecnológica intergeneracional y aprendizaje cultural fuera de las escuelas.

¿De dónde vienen todas estas ideas? Somos parte de una red de familias de color a lo largo y ancho de la región que han estado reuniéndose y compartiendo experiencias en línea durante meses desde que la COVID-19 hizo que se cerraran las escuelas.

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A medida que se acercaba el nuevo año escolar, nos reunimos para resumir las
conversaciones que tuvimos con otras familias de color y emitir un llamado a activarse: Aprender de las familias de color y trabajar con ellas para cambiar cómo llevamos la educación.

Las familias están muy conscientes de que la COVID-19 ha golpeado a las comunidades negras, indígenas y latinas con mucha mayor fuerza que a otras, incluyendo a los niños.

Incluso con la incertidumbres en la alimentación y economía y la necesidad que algunos tienen de proseguir en empleos de baja remuneración que se consideran esenciales, las familias de color nos contaron que dan prioridad a la salud de sus hijos haciendo que continúen su aprendizaje en casa en vez de enviarlos a los planteles. Sin embargo, demasiadas familias sienten en que la responsabilidad por educar a sus hijos ha recaído únicamente en ellos.

Una madre somalí dijo que el distrito debería sincerarse y decirles a los padres que ahora educar a sus hijos es responsabilidad de ellos. Las soluciones individualistas, como las microescuelas, que fueron creadas por los privilegiados, pueden profundizar las desigualdades.

Necesitamos soluciones colectivas y sistémicas. Y las soluciones de una sola medida no van a alcanzar para todos.

Durante generaciones, las familias de color han criado colectivamente a sus hijos con frecuencia y les han dado apoyo para contrarrestar la escolarización culturalmente sustractiva y racialmente opresiva que enfrentan muchos estudiantes negros, pardos y otros estudiantes de color.

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Nuestros niños negros estuvieron más contentos lejos de la escuela mientras estudiaban en casa durante la pasada primavera y hallamos que a los demás les ocurría lo mismo. Las familias indígenas compartieron relatos parecidos. Por primera vez, los niños negros no han sentido la presión para asimilarse, ni juzgados por no ajustarse a las expectativas culturales que conlleva la escolarización presencial.

Muchos no han tenido que enfrentar las constantes
microagresiones raciales ni con la parcialidad de los docentes. Las familias han enseñado sus idiomas, valores, prácticas culturales nativos y han involucrado a su juventud en la protesta, el activismo y la sanación.

Con el aprendizaje en línea, cada docente se convierte en un invitado en nuestros hogares.

Todavía intentamos vivir en nuestros hogares: hay hermanos en salones separados, infantes y bebés, varias generaciones en un espacio, adultos que trabajan o llevan negocios caseros, algunos en dificultades por no tener hogar y estar en la pobreza y estudiantes con discapacidades que necesitan apoyo adicional. No aceptamos juicios con carga racial sobre la vida en familia las políticas de castigo que acompañarían esas “visitas a la familia”.

Las escuelas tienen la oportunidad de aprender de las familias acerca de la sabiduría y las prácticas que permiten que nuestras comunidades sobrevivan y prosperen a la luz de la colonización, el movimiento contra los negros y la xenofobia.

Ahora mismo en el condado de King, las familias negras organizan cooperativas para dar clases o supervisar a los hijos de otras familias. Los niños somalíes aprenden matemáticas, árabe y somalí de docentes que
están en Somalia.

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Las familias de inmigrantes se ayudan entre sí a traducir y compartir información sobre las oportunidades de estudio fuera de la escuela. Los padres de hijos con discapacidades pasean con sus hijos al aire libre para sustentar su aprendizaje. Los jóvenes de mayor edad orientan a las familias en el uso de la tecnología y las plataformas de navegación en línea. Los jóvenes se han organizado para descriminalizar sus escuelas y tener voz en las decisiones sobre
contrataciones y el regreso a clases.

Aprender de las familias y las comunidades debería ser la principal ocupación en las escuelas.

Muchas familias con las que hemos hablado están dispuestas a compartir sus ideas y experiencias con los educadores y las personas encargadas de tomar las decisiones, con preguntas tales como: ¿Pueden ayudar los distritos a que las familias desarrollen cooperativas como las que las familias negras han formado en distritos de otras partes del país? ¿Podemos identificar asistentes educativos, suplentes u otros educadores de agencias que trabajen con niños en línea o en espacios comunitarios? ¿Podemos reinventar un aprendizaje en línea más
flexible? ¿Existe una manera de compensar a los padres, muchos de los cuales han perdido el empleo o han tenido que abstenerse de ir a trabajar para quedarse en casa con sus hijos, por su importante labor?

Los distritos no pueden hacerlo por sí solos. Retamos a las organizaciones y los financiadores de nuestro ecosistema educativo regional para que hagan un examen cuidadoso de cómo se usan los recursos. Si la igualdad es el centro de sus misiones, ¿cómo pueden canalizar recursos humanos y financieros para dar un mejor respaldo al papel central que desempeñan las familias en la actualidad?

El acceso a la alimentación y la tecnología son vitales pero no bastan para garantizar la equidad. El hecho de escuchar a los estudiantes y las familias BIPOC es un comienzo, pero los sistemas de nuestra región pueden seguir el ejemplo de las familias a las que ha afectado la injusticia educativa para volverse más creativos.

Sabemos que será complicado y que no será fácil, pero se lo debemos a nuestros hijos y a las futuras generaciones, porque no habrá un regreso a la anterior normalidad.