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VENTANA DE OPORTUNIDAD

Esta historia es la primera de una serie que se ocupa de cómo renovar el sistema educativo para mejorar la calidad tras la pandemia.

Nos gustaría escuchar sus reflexiones sobre cómo las escuelas pueden hacer que la educación sea más equitativa. Envíe sus ideas a edlab@seattletimes.com. Tenga en cuenta que solo podemos aceptar respuestas en inglés en este momento. También podemos hablar con usted por teléfono.

Comenzamos así: ¿Qué desearías haber aprendido en la escuela?

“Historia de pueblos originarios”, dijo un estudiante.

“Algo que desearía no haber aprendido fue la información falsa sobre Cristóbal Colón”, dijo otro.

“Más sobre las luchas por los derechos humanos”, indicó Aneesa Roidad, una recién graduada de Ballard High que encabezó la conversación con sus compañeros, miembros del Consejo Juvenil de la Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color (NAACP) por Zoom un miércoles reciente.

Los estudiantes están pasando el verano escribiendo un plan de estudios para que futuros estudiantes aprendan lecciones que ellos no aprendieron. Lo principal de su agenda es lo siguiente: diseñar cursado en ciencias, matemáticas, inglés, historia y otras asignaturas impregnado en principios de estudios étnicos, lecciones que se centren en las experiencias de la gente de color.

Forman parte de un creciente grupo de estudiantes y educadores de la región de Puget Sound que están reclamando estudios étnicos en todos los niveles de grado y todas las disciplinas. No se trata de un nuevo llamamiento a la acción. Muchos docentes locales de estudios étnicos han abogado por esto durante años. “Siempre ha sido urgente para nosotros”, afirmó Jon Greenberg, docente de estudios étnicos en The Center School de Seattle.

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Pero un movimiento social nacional sobre la injusticia racial, una pandemia que ha hecho que quienes están en el poder reformulen cómo se produce el aprendizaje, e impulso en la forma de nuevas políticas y legislación en los distritos escolares, hace surgir en algunas personas la esperanza de que el cambio está llegando.

El año pasado, los legisladores exigieron que los funcionarios educativos del estado desarrollaran materiales de estudios étnicos y alentaron a los distritos a usarlos en los grados de séptimo a 12°; una ley de 2020 amplió esto al jardín de infantes. El Distrito Escolar de Northshore ha lanzado un piloto de estudios étnicos que se ampliará el próximo otoño. Y la superintendenta del distrito de Highline afirma que quiere transformar el distrito en una institución activamente antirracista.

“Realmente veo signos y símbolos de esperanza”, señaló Roidad, copresidenta del Consejo Juvenil de la NAACP. “Siempre es importante, pero ahora es una oportunidad realmente importante que no podemos desperdiciar”

Ethnic studies reclama un aprendizaje más equitativo, veraz en inclusivo de todas las personas, no limitado a las experiencias de quienes son blancos, que tienden a dominar los libros de historia y las lecturas obligatorias.

Los estudios étnicos podrían tener la forma de clases autónomas sobre estudios de pueblos negros, asiáticos, latinos o de las islas del Pacífico. Puede que implique volver a redactar el plan de estudios básico para que represente la opresión y los logros de la gente de color. Podría requerir que los docentes reciban capacitación antirracista.

Y parece haber beneficios reales: los estudios sugieren que los cursos de estudios étnicos ayudan a los estudiantes a entender mejor el racismo estructural y se vinculan con mejoras importantes en la asistencia y el rendimiento, en especial entre los varones y los estudiantes hispanos.

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La manera en que se enseñan los estudios sociales en realidad tiene relación con el rendimiento de los niños de color en las clases de matemáticas, ya que lo que aprendemos en historia establece una determinada expectativa para quien es “bueno” en matemáticas, dijo Niral Shah, profesor auxiliar de educación en la University of Washington. Si se enseñara sobre académicos de color de todo el espectro, los estudiantes color podrían verse a sí mismos también obteniendo logros en numerosas áreas académicas distintas.

Para hacer un verdadero cambio, dicen algunos, debe producirse un cambio de mentalidades entre docentes, administradores y familias.

Greenberg y muchas otras personas entrevistadas para esta historia dicen que han sentido resistencia “durante años” en contra del trabajo que hacen. Hace aproximadamente siete años, a Greenberg se le prohibió usar determinado plan de estudios en sus clases. Y a pesar del apoyo de numerosas personas, se lo transfirió durante un año a otra escuela después de que una familia se quejara sobre sus lecciones.

Los vientos han comenzado a cambiar: en 2017, tras la presión de la NAACP de Seattle, los miembros de la junta escolar de Seattle apoyaron de forma unánime una resolución sobre estudios étnicos. En junio, la junta escolar promulgó una nueva resolución indicándole al superintendente que elaborara un plan de estudios sobre negros para los grados desde jardín de infantes hasta 12° grado.

Sin embargo, Greenberg dijo ha visto que los firmes esfuerzos para llevar a la acción la resolución de 2017 se han evaporado. Tracy Castro-Gill, gerente de programa que lidera un grupo asesor sobre estudios étnicos, ha hablado abiertamente en contra de ciertas políticas del distrito y ahora está en mediación con el distrito escolar con respecto a su puesto. Según afirmó Greenberg, el trabajo del grupo asesor ha estado paralizado durante meses.

Tim Robinson, vocero del distrito, dijo que “el trabajo está continuando y es probable que se acelere en el futuro. Es un trabajo complejo y sigue siendo prioritario para el distrito”.

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Castro-Gill, que lidera la organización sin fines de lucro Washington Ethnic Studies Now, dijo que no pudo hablar sobre su trabajo en Escuelas Públicas de Seattle (SPS). Dijo que, sin embargo, históricamente las iniciativas antirracistas se “visualizan como algo fuera del plan de estudios y la instrucción, fuera de las operaciones diarias del distrito escolar”. Es más probable que los desechen si tienen la forma de cursos autónomos, afirmó, por lo que está presionando para que haya estudios étnicos “en todas partes del plan de estudios y la instrucción”, para que todos los docentes reciban capacitación antirracista y para que se realice un cambio organizacional.

Roidad, que se mudó de Pennsylvania a Seattle hace tres años y cuya madre inmigró a los EE- UU. desde Paquistán, nunca tuvo una clase de estudios étnicos. Ballard, que tiene predominio de estudiantes blancos, no ofrece ninguna.

Pero la maestra de historia de Roidad habló sobre raza y opresión en sus lecciones, la maestra de español también lo hizo y colgó en las paredes carteles y fotos de Frida Kahlo y Bayard Rustin. Los estudios étnicos “no comprenden dos comentarios en clase sobre racismo”, explicó. “Se trata de un esfuerzo continuo, arduo. Y esas dos educadoras fueron lo más cercano que estuve de ese esfuerzo”. Roidad, que está tomando un año sabático antes de asistir a Harvard University en 2021, ahora está trabajando en maneras en que ella y otros estudiantes pueden tener más voz en la instrucción.

Los docentes que están al frente de alumnos actualmente están transitando por un entorno escolar nuevo desafiante. Enseñaron a distancia en la primavera y es probable que sigan dictando clases de forma remota al menos parte del tiempo el próximo otoño. Algunos, como Jesse Hagopian, maestra de estudios étnicos en Garfield High, dicen que los maestros no tienen excusas para dejar de educarse y no usar las herramientas o el plan de estudios que tienen disponibles en la actualidad: hay libros, como “Rethinking Ethnic Studies” (Reformular los estudios étnicos), y organizaciones como el Zinn Education Project que ofrecen lecciones en línea de algunas asignaturas.

Los estudiantes regresarán a clase después de una evaluación nacional de la brutalidad policial en contra de personas negras y el racismo sistémico y posibles traumas personales tras meses en aislamiento.

Si puede dar clases en persona, Hagopian quiere colgar en toda su aula imágenes de las recientes protestas por justicia racial referidas a los asesinatos de George Floyd y otras personas negras a manos de la policía. “Los estudiantes irán de una a otra imagen con notas autoadhesivas y escribirán un comentario sobre los sentimientos que les despierta cada foto”, explicó. La lección será una plataforma de lanzamiento para que sus estudiantes se sumerjan en sus libros de texto y critiquen el modo en que se retratan otros acontecimientos históricos, como la rebelión de Detroit de 1967. “¿Lo llaman rebelión o lo llaman disturbio?”, dijo.

Si tuviera que enseñar en línea, proyectaría las mismas imágenes con video.

“Nuestra comprensión de este momento se transforma de forma drástica cuando nos damos cuenta de que hay una característica permanente en la sociedad estadounidense: levantamientos masivos en contra del racismo”, afirmó. “¿Qué nos dice eso sobre la naturaleza de nuestro país? ¿Qué nos dice eso sobre las necesidades de cambiar y cómo se realiza el cambio?”