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VENTANA DE OPORTUNIDAD

Esta historia es la primera de una serie que se ocupa de cómo renovar el sistema educativo para mejorar la calidad tras la pandemia.

Nos gustaría escuchar sus reflexiones sobre cómo las escuelas pueden hacer que la educación sea más equitativa. Envíe sus ideas a edlab@seattletimes.com. Tenga en cuenta que solo podemos aceptar respuestas en inglés en este momento. También podemos hablar con usted por teléfono.

Cuando el coronavirus forzó a cerrar los edificios escolares de Washington en marzo, los cambios en la educación fueron veloces y completos. Las clases pasaron a dictarse en línea. Los padres se convirtieron en docentes de hecho. Los planes de lecciones fueron reemplazados por un enfoque en el bienestar y la seguridad de los estudiantes.

La transformación llevó a muchos a preguntarse: ¿Por qué no hemos cambios de un día al otro (o en el plazo de décadas) de modo que la educación sea verdaderamente equitativa para todos los niños?

Líderes educativos de Puget Sound, en especial personas de color que saben desde hace mucho que las escuelas programan a los niños negros y marrones para el fracaso, dicen que ya va siendo hora de que volvamos a concebir de qué modo la educación podría prestar mejores servicios a sus comunidades.

Sin embargo, ven una naciente consciencia entre líderes en su mayoría blancos de que el sistema educativo del país está plagado de racismo y desigualdad. Las desigualdades son estructurales: la capacitación y diversidad de los docentes, lo que se enseña a los niños y la disciplina que se les aplica, y todas tienen origen en métodos que perjudican más a los estudiantes negros y latinos que a sus compañeros y no los ayudan a tener éxito.

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La asociación de una pandemia que cambió la estructura básica de la escuela (de hecho, nadie sabe con certeza cómo abrirán las escuelas en tan solo unas semanas, si lo hacen) con un movimiento social conscientizador simultáneo ha abierto una ventana donde el cambio radical es posible.

“Tenemos este momento excepcional. Todo está muy alterado; ¿realmente podemos reenfocarnos y recentrarnos en los estudiantes de color?”, reflexionó Erin Okuno, directora ejecutiva de la Southeast Seattle Education Coalition. “Podría parecer muy, muy diferente y va a ser realmente incómodo. Pero todo ya es incómodo”.

Sin embargo, el cambio no se producirá a menos que se les dé a más personas de color el poder para remodelar la educación. Y con base en la respuesta de Washington hasta ahora, algunas personas temen que cuando la escuela se reanude el cambio se centre únicamente en nuevos requisitos de salud y seguridad, no en reformas sustanciales dirigidas a la equidad en la educación.

¿Qué aspecto tendría el cambio? Casi una decena de expertos en educación dicen que les gustaría ver lo siguiente:

  • Un plan de estudios que enseñe sobre las contribuciones y las historias de todos los pueblos, pero en particular las personas de color, que ayude a todos los estudiantes a comprometerse más plenamente con el aprendizaje.
  • Realización de capacitación significativa y permanente de docentes en antirracismo, a partir de la universidad y permanentemente a lo largo de la carrera docente, lo que podría ayudar a frenar las medidas disciplinarias desmedidas y los estereotipos sobre potencial académico con base en la raza de un estudiante.
  • Reconocimiento de que la educación ha dependido demasiado tiempo de enfoques con parches que no se adhieren y no dan como resultado un cambio significativo.
  • Nombrar a más personas que han sido desfavorecidas por el sistema actual en las juntas escolares, funciones de asesoría y el Congreso.

Durante la mayor parte de la última década, el estado estuvo involucrado en un acalorado debate sobre la adecuación del financiamiento escolar, una epopeya conocida como el caso McCleary. Su resolución forzó a los legisladores a volcar más miles de millones al sistema desde jardín de infantes hasta 12° grado, pero la mayor parte de ese dinero se dirigió a la paga inadecuada de los docentes, no a la equidad racial.

El sistema actual se diseñó para educar a una población que en gran parte eran blancos de clase media y media alta. Para cambiarlo, las personas con poder que no se han enfrentado a la opresión gracias a su raza tendrán que resignar algo, quizás compartir lo que su Asociación de Padres y Maestros (PTA) pueda recaudar, o cambiar un programa preciado que tiende a servir mayormente a estudiantes blancos; se puede decir que el sistema actual ha forzado a los estudiantes de color a “resignar” aspectos básicos de una educación equitativa durante décadas.

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Los padres y los líderes blancos salieron a las calles en junio para apoyar las protestas de Black Lives Matter (Las vidas negras importan), a menudo con sus hijos, llevando anuncios manuscritos. De todos modos, “si la gente se toma en serio el antirracismo”, indicó Ann Ishimaru, profesora auxiliar del College of Education de la University of Washington, “no pueden limitarse a elaborar letreros”. Ishimaru es investigadora coprincipal para Family Leadership Design Collaborative, un esfuerzo nacional para recentrar a familias no dominantes en esfuerzos de igualdad racial.

Las personas que buscan un cambio no quieren que las cosas “vuelvan a la normalidad”. Quieren una nueva normalidad.

La velocidad de los cambios logísticos que hicieron las escuelas en respuesta al coronavirus llevó a Heidi Schillinger, fundadora y directora de Equity Matters, una firma consultora en igualdad racial de Seattle, a “pensar, ‘Oh, es posible, y existe la voluntad de hacer las cosas de manera diferente. Podemos hacer esto”.

Pero Sharonne Navas, directora de la Equity in Education Coalition, miembro de un grupo de trabajo de Washington encargado de elaborar planes para reabrir las escuelas, afirmó que el

grupo perdió una oportunidad de tener conversaciones importantes sobre la desigualdad en la educación.

“Lo que me atemoriza es que cuando regresemos de esto todavía estaremos enviando a los niños [negros y marrones] a un sistema y un edificio que los observa como diciendo, ‘¿Qué van a necesitar de mí?’, en lugar de decir, ‘¿Cómo obtenemos lo mejor de este niño?’. Pienso que ese es el cambio de mentalidad y el cambio de cultura que debería estar teniendo lugar en la educación”.

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Un comienzo desigual

Según los expertos, para que la educación sea verdaderamente equitativa, las personas que la han construido y se han beneficiado con ella deben hacerse cargo de su historia oscura.

Apenas la punta del iceberg: En la década de 1850, los estados comenzaron a promulgar leyes de educación pública obligatoria referidas a la creciente preocupación por el trabajo infantil, pero, además, para inculcar valores cívicos en nuevas olas de niños inmigrantes. Una década después, la educación volvió a ser una herramienta de asimilación cuando se establecieron internados para alejar por la fuerza a los niños aborígenes de sus familias, formarlos en inglés y así arrebatarles su idioma y cultura.

Para generaciones de personas negras, la educación pública fue ilegal y, después, fue segregada. Después de que en 1954 la decisión de la Suprema Corte sobre el caso de Brown vs. la Junta de Educación prohibiera la segregación, la integración “se produjo según los términos de las comunidades blancas”, explicó Schillinger. En la actualidad, las escuelas siguen estando muy segregadas por raza y clase.

Esto se suma a casi dos siglos de prácticas desiguales que hay que enmendar, afirmó Navas.

“Seguimos pensando que gracias a Brown vs. la Junta de Educación hemos reparado la educación y que ya no perjudica a los estudiantes de color, aborígenes, inmigrantes y refugiados”, dijo.

Eso no es verdad, indicó.

Entonces, ¿cómo sería hacerse cargo?

Podría implicar mantener una conversación nacional sobre el racismo sistémico, muy similar a lo que está comenzando a suceder en medio de la matanza de George Floyd, Breonna Taylor y muchas otras personas negras a manos de la policía. En la práctica, sentenció Navas, implica centrar la reforma alrededor de lo que los estudiantes de color dicen que quieren y necesitan.

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No a las “balas de plata”

Muchos críticos dicen que los educadores deben dejar de buscar soluciones a modo de balas de plata y programas mágicos que prometan reparar la educación. Los problemas van más allá de la educación: se trata de la manera en que está estructurada la sociedad.

Esa adicción a las medidas provisorias, unida a la incapacidad de financiar plenamente la educación, ha bloqueado el cambio real, afirmó Trish Millines Dziko, exejecutiva de Microsoft que fundó la organización sin fines de lucro Technology Access Foundation (TAF) a fines de la década de 1990. TAF se inició como un programa extraescolar y se transformó en un modelo escolar utilizado en unas cuantas escuelas locales, incluida TAF@Saghalie de Federal Way y llegará a la Escuela Media Washington de Seattle este año.

Dziko dijo que los educadores han intentado solucionar una cosa a la vez dentro del sistema y “ahora tenemos este sistema lleno de parches y banditas adhesivas que no funciona para

todos. … Nos gustan los parches y nos gustan las cosas fáciles que hacen que las personas tengan un buen aspecto”.

Estos enfoques tienden a estar dirigidos a estudiantes de color. Los programas dedicados a elevar a ciertos grupos de estudiantes, como el nuevo Escuelas Públicas de Seattle para varones y adolescentes negros, que está destinado a empoderarlos y recientemente recibió casi $2 millones en aportes filantrópicos, podrían tener buenas intenciones y, en algunos casos, ser efectivos. Pero no alcanzan para rehacer el sistema.

“Traen estos programas dirigidos a estudiantes negros y marrones con la misión de dar una solución al estudiantes, aunque no sin abordar las estructuras” indicó Tracy Castro-Gill, directora ejecutiva de Washington Ethnic Studies Now.

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Otros afirman que hay una diferencia entre intentar “programar la salida” de la desigualdad racial y una verdadera justicia racial.

Cambiar el plan de estudios

Poco después del cierre de las escuelas en marzo, Erin Jones, una consultora educativa que llevó a cabo una campaña postulándose sin éxito para superintendenta de instrucción pública en 2016, mantuvo una clase por Zoom para estudiantes que querían debatir sobre el racismo sistémico y la educación. Se presentaron unos 20 estudiantes de distintas razas.

Jones dijo que la omisión de enseñar sobre racismo y opresión perjudica tanto a los estudiantes blancos como a los de color. Para una de las clases, les pidió a sus estudiantes que miraran un video analizaba los motivos por los que las riquezas de las comunidades negras son significativamente menores que las de las familias blancas.

“Los estudiantes se mostraron muy enojados porque nunca hubieran escuchado nada de eso en nuestras aulas”, relató. Por ejemplo, les enfureció enterarse de las “marcas en rojo”, la política respaldada por el Gobierno que hizo que a numerosos afroamericanos se les negaran hipotecas para comprar propiedades en sus propios vecindarios y que perpetuó la segregación en los EE. UU. durante décadas.

Jones tiene la esperanza de que este momento nos encamine hacia el cambio. Explicó que, “Es la primera vez en mi vida que hemos tenido una oportunidad de hacer un cambio drástico en la educación pública”.

En Seattle, algunos docentes están integrando conversaciones sobre raza en los planes de sus lecciones.

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Cuando las protestas con respecto a la matanza de George Floyd surgieron aquí y en todo el país, Shraddha Shirude, maestra de matemáticas de la Escuela Secundaria Garfield, les preguntó a sus estudiantes: Si se le quitara el financiamiento a la policía, ¿dónde debería ir ese dinero? Los estudiantes examinaron el presupuesto municipal e inventaron soluciones.

Shirude es secretaria de dirección de la organización sin fines de lucro Washington Ethnic Studies Now, dirige talleres y lleva adelante el blog Woke Math, donde escribe sobre justicia racial y estudios étnicos en la educación. No fue fácil mantener a los estudiantes interesados durante el cierre de las escuelas y eran pocos los que participaban. Pero el proyecto de la policía hizo que muchos “volvieran al redil”.

“El mensaje es muy claro: los chicos quieren que hablemos sobre cosas que importan”, dijo. Las escuelas priorizan las políticas punitivas, afirmó, como las ausencias sin permiso y las tardanzas. “No necesitamos esas cosas si realmente podemos lograr que los chicos se comprometan” a través de lecciones que sean relevantes para su vida.

También es importante analizar la manera en que se evalúa a los estudiantes: Muchos educadores entrevistados dijeron que los exámenes y los sistemas de calificación pueden perjudicar más a los estudiantes de color que a sus compañeros blancos. En lugar de exámenes, sugirieron, los estudiantes podrían demostrar sus habilidades a través de proyectos.

Por qué la capacitación antirracista es fundamental

Los críticos dicen que los distritos y las facultades de educación rara vez hacen que los estudiantes realicen una “introspección personal” para examinar sus propios prejuicios y hacer cambios, comentó Dziko. Es particularmente importante hacer ese trabajo porque un 88 % de los docentes de Washington es blanco, mientras que casi la mitad del total de los estudiantes de escuelas públicas no lo es.

La mayor parte de las capacitaciones en equidad tiene la forma que Niral Shah, un exmaestro de matemáticas de escuela secundaria que se convirtió en profesor auxiliar en el College of Education de la University of Washington, denomina el modelo de inoculación: “Hagamos una sesión de tres horas sobre prejuicio implícito y la gente dejará de tener prejuicios”.

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Sin embargo, Shah, profesor de ciencias del aprendizaje y desarrollo humano, dice que los estudios muestran que tomar consciencia del prejuicio no es suficiente para cambiarlo. Y se encuentra en el centro de las medidas disciplinarias desmedidas y los estereotipos sobre la capacidad académica.

Shah ha desarrollado un método de instrucción que ayuda a los docentes a ver el prejuicio racial al poner la capacitación patas para arriba. El instructor primero observa al docente en clase, prestando atención a las interacciones con los estudiantes. La detección del prejuicio y su reparación son lo siguiente.

“Si uno no cree que los estudiantes negros tienen valor, o que los estudiantes inmigrantes tienen valor, ni siquiera todos los programas del mundo no podrán cambiar eso”, sentenció Jones, la consultora educativa.

Renunciar al poder

Si lo que se busca es un cambio amplio, sistémico, los distritos escolares deben escuchar y empoderar a personas que hayan vivido una experiencia con el racismo sistémico y la opresión, explica Julia Warth, directora de política e investigación para la League of Education Voters, una organización sin fines de lucro de Seattle con 19 años de antigüedad que ha trabajado para lograr que la educación sea más equitativa. Pero al menos hasta ahora, dice, esas comunidades se están dejando fuera de la conversación, incluso ahora, durante esta ventana de cambio crucial.

Jones se hizo eco de la reflexión de Warth. “Las personas más marginalizadas nunca son invitadas a la mesa”, corroboró. “Por lo tanto, las cosas siguen sucediéndoles a ellas, en lugar de suceder con ellas”.

Warth también piensa que todos los actores de la educación, es decir sindicatos, asociaciones de padres, distritos, legisladores, deben revisar a fondo el papel que han desempeñado. Muchos han emitido declaraciones bienintencionadas de igualdad, pero nada cambió.

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Las familias con más riqueza y poder se esfuerzan para darles a sus hijos todas las ventajas, a menudo para detrimento de familias que no pueden hacerlo; es un concepto conocido como acaparamiento de oportunidades. “La gente realmente está comenzando a confrontar esta dinámica”, explicó Ishimaru, que señaló el ejemplo de PTA de Seattle que han comenzado a compartir fondos que recaudaron con escuelas menos favorecidas.

El jefe de escuelas del estado, Chris Reykdal, dijo que está de acuerdo con muchos de los cambios que reclaman los expertos entrevistados para este artículo: ve la necesidad de que haya más docentes de color y cambios en el plan de estudios escolar, dijo. Los cambios con base en la seguridad y equidad pueden producirse de manera simultánea, agregó, y dijo que los distritos ya están haciendo esas selecciones cuando deciden a quién priorizar para la instrucción en persona en el otoño. “Claramente, se aproxima un año extraño”, afirmó. “Pero debemos enfrentarlo, esa es la primera oportunidad para una gran transformación”.

Otros dicen que el sistema educativo debe juzgarse por el éxito de quienes deja afuera. “No se trata de la idea de que ‘Te voy a quitar para que me vaya mejor y a ti te vaya peor’. Eso no es de lo que estamos hablando. Estamos hablando de lograr que el sistema funcione para todos”, opinó Lynn Jennings, directora senior de asociaciones nacionales y estatales en The Education Trust.

Tanto Ishimaru como Shah, los profesores de la UW, ven signos esperanzadores de que las cosas podrían cambiar.

La gente está tomando consciencia de la magnitud y el perjuicio del racismo sistémico y por primera vez está manteniendo conversaciones sin rodeos entre amigos y familiares, afirmó Shah. Si esas conversaciones se transforman en acciones específicas, “ahí es donde las cosas van más allá de elaborar letreros y participar en una protesta”.