Leer en Ingles

CLARKSTON, condado de Asotin — Era la primera semana de clases en la secundaria de Clarkston y el director Doug LaMunyan y su personal trabajaban en el recinto escolar, con termómetros digitales en la mano, buscando mascarillas para los pocos estudiantes que las habían olvidado, recordándoles a todos que mantuvieran al menos 6 pies de distancia.

“Hola chicos, solo dos por mesa”, indicó LaMunyan, separando a un grupo de amigos amontonados en el área de desayuno. Obedecieron, refunfuñando un poco.

Durante los cinco meses transcurridos desde la primavera pasada, al igual que todos los estudiantes de Washington, los niños de Clarkston recibieron educación de forma remota. Han pasado el verano en este cálido y seco rincón del este del estado, en gran parte sin mascarillas. Ahora que ha comenzado el año escolar, están aprendiendo a hacer algo que ningún residente del estado en los tiempos modernos había experimentado todavía: regresar a la escuela de manera presencial durante una pandemia mundial.

Education Lab es un proyecto de The Seattle Times que presenta enfoques esperanzadores para los constantes desafíos que enfrenta la educación pública. Se creó en sociedad con la Red de Soluciones para el Periodismo Solutions Journalism Network y es financiado con una subvención de la Fundación Bill & Melinda Gates, Amazon y City University of Seattle. Conozca más sobre Ed Lab.

La mayoría de los distritos escolares del área de Puget Sound reanudarán la educación en línea esta semana. Pero, según la oficina del superintendente de las escuelas estatales, alrededor de 60 de los 300 distritos del estado, en su mayoría en áreas rurales, están volviendo a las clases presenciales durante al menos parte de la semana.

En estos distritos, que representan aproximadamente el 5 % de los 1.1 millones de estudiantes del estado, el número de casos es bajo y las familias claman por que se vuelvan a abrir las puertas de las escuelas.

Advertising

En algún momento, todos los niños estarán de vuelta. Cuando regresen, sus escuelas pueden funcionar como las de Clarkston, donde solamente la mitad de los niños puede estar en el edificio a la vez, las fuentes de agua están apagadas, hay desinfectante de manos en todas partes, y la amenaza de un retorno a la educación mayoritariamente virtual se cierne sobre el año escolar.

Clarkston, que comenzó clases el 26 de agosto, se inspiró en el Distrito Escolar de Northshore, uno de los primeros del estado en comenzar la educación en línea cuando se desató la pandemia, aunque ese distrito aún no planea regresar de manera presencial.

El plan de Northshore: que ha sido ampliamente solicitado y compartido con otros distritos, comentó la superintendente Michelle Reid, intenta lograr un equilibrio entre la seguridad y la educación.

Si el número de casos de coronavirus se mantiene bajo, los estudiantes de Clarkston pueden permanecer en clase aproximadamente la mitad del tiempo. Si el número de casos desciende, las escuelas podrían volver al modelo tradicional. Pero si los casos aumentan, el distrito retrocederá, comentó la superintendente de Clarkston Thaynan Knowlton.

La educación se dará más en línea, menos de manera presencial, y se dará prioridad a los niños más pequeños y a aquellos que reciben servicios de educación especial. Es un modelo que utiliza los consejos del Dr. Anthony Fauci, el principal experto en enfermedades infecciosas del gobierno, quien recomendó que, en los lugares donde las tasas de infección fuesen bajas, las escuelas volvieran a abrir.

Clarkston, en el condado de Asotin, es una ciudad gemela más pequeña que Lewiston, Idaho, los dos municipios separados por el Snake River, que forma un espectacular valle fluvial al borde del Palouse. Este es un sector sólidamente conservador de Washington, donde los carteles políticos apoyan a los candidatos republicanos. En 2016, el presidente Donald Trump ganó el 59 % de los votos del condado de Asotin.

Advertising

Aun así, existe cierta tensión con el estado vecino de Idaho, donde las escuelas abrieron a la educación presencial el lunes, con el uso opcional de mascarilla. Washington aplazó el fútbol de la escuela secundaria hasta la primavera, pero Idaho se está preparando para la temporada de otoño. Algunos educadores de Clarkston están con los nervios de punta por temor a un brote otoñal en una región en gran parte libre de COVID-19 debido a su lejanía.

El riesgo bajo es una noción relativa en las zonas rurales de Washington. Si en el condado de Asotin, con una población de 22,000 habitantes, se presentan entre cuatro y 15 casos en un período de dos semanas, Clarkston asistirá a clases presenciales cuatro días a la semana. Si se presentan de 16 a 20 casos, será necesario considerar llevar a cabo más tiempo de la jornada escolar en línea. Una cantidad de casos superior a 25 en una ventana de dos semanas implica enviar a los niños a casa. Para evitar el efecto latigazo, el distrito reevaluará cada cuatro a seis semanas.

Al comienzo de la primera semana de clases, el recuento de casos de Asotin era de 22, pero para el viernes, el número se había reducido a 11 durante un período de 14 días, una tendencia en la dirección correcta, ya que algunos casos disminuyeron en la ventana de dos semanas.

Con tanta incertidumbre, “nuestra primera prioridad es conocer” a los estudiantes, aseveró LaMunyan, el director. “La segunda es prepararlos para conectarse en línea”. Mientras tanto, los padres de aproximadamente 350 estudiantes de los 2,500 del distrito planean permanecer en la modalidad totalmente virtual, una opción llamada Clarkston Online.

“No pueden ver mi cara”

La docente de inglés Dawn Brown, una veterana de 25 años en el aula, fue franca con de los estudiantes de inglés de primer año durante su primera jornada completa: Tendrán que ser más organizados que nunca, les dijo.

Hablando a través de una mascarilla negra, les dio a sus 16 estudiantes su primera tarea, escribir una carta describiéndose a sí mismos, sus pasatiempos, sus intereses. Pero pasó casi la mitad de la clase solucionando problemas.

Advertising

El distrito está utilizando Google Classroom, un programa gratuito para la gestión del aprendizaje. A medida que los estudiantes se conectaban, se iban presentando problemas técnicos. Brown iba de un escritorio a otro dando consejos. La mayoría intentó iniciar sesión en sus teléfonos, pero a algunos les resultó más fácil usar una Chromebook: una computadora portátil minimalista basada en navegador.

Cuando terminó la clase, la docente practicante de la Universidad Estatal de Washington, Kayla Brown, recorrió el salón con desinfectante rociando los escritorios para el siguiente grupo.

“Esas relaciones son importantes todos los años, pero lo son aún más este año”, indicó Dawn Brown. Tendrá que entablar una buena relación con sus estudiantes dos días a la semana, mientras usa una mascarilla. “No pueden ver mi cara. No pueden leerla. No pueden saber si estoy bromeando. Estoy tratando de que mis ojos se arruguen más”.

Brown ya está planeando que el inglés para estudiantes de primer año sea diferente. Seguirá enseñando “Romeo y Julieta” de Shakespeare y “La Odisea” de Homero, pero no podrá agrupar a los estudiantes en clase y que trabajen en equipo, lo que hará que estos textos ya exigentes sean más difíciles de enseñar. Afirma que espera dedicar hasta un 30 % más de tiempo a enseñar y organizar su clase que si todos estuvieran de regreso en la escuela. Y, sin embargo, está feliz de volver.

A Clarkston le faltan varios cientos de Chromebooks y pedidos pendientes que se espera que lleguen en octubre, indicó Knowlton. Pero para algunos estudiantes, el mayor problema es el acceso a Internet. Si la escuela vuelve a ser en línea en su mayor parte, “estaría condenado al fracaso, honestamente”, comentó Ethan Gano, un estudiante de último año de Clarkston que solo cuenta con acceso irregular a Internet desde casa. Para salvar dicha división, el distrito instaló puntos de acceso en los estacionamientos que transmiten una señal Wi-Fi más fuerte.

Él y varios otros estudiantes de último año de Clarkston dicen que no les preocupa contraer el virus. El estudiante de último año Mick Brown estima que el 95 % de las personas que conoce piensa que los funcionarios están exagerando.

Sponsored

“Los padres están haciendo que funcione”

En las cuatro escuelas primarias de Clarkston, las clases se imparten cuatro días a la semana.

La mitad de los niños van por la mañana y la otra mitad por la tarde durante un total de 2 horas y media. Al igual que en los grados superiores, los miércoles no hay clases. Si el número de casos aumenta, los estudiantes mayores pasarán a una educación más virtual y los estudiantes de jardín de infancia a segundo grado seguirán asistiendo a la escuela. Muchos expertos creen que el énfasis en el regreso a la escuela debería estar en los niños más pequeños, que parecen ser los menos susceptibles al virus.

La semana pasada, la directora de la escuela primaria Heights, Samantha Ogden, corrió de un lado a otro frente a la escuela, tratando de evitar que los padres usaran el carril del autobús para dejar a sus hijos, instando a los niños a mantener sus mascarillas puestas en el calor de 90 grados.

“Están muy felices de estar aquí”, dijo de sus estudiantes. “Los padres están haciendo que funcione”.

Debido a que, si se presenta un aumento en los casos, los estudiantes de tercer grado en adelante necesitarían volver a la virtualidad, su prioridad es hacer que esos estudiantes mayores estén listos y trabajando en las computadoras de inmediato.

“Se trata de construir cimientos”, indicó Ogden. “Sin adornos, ni especias, solo construyendo lo básico”.

El investigador del Seattle Times, Miyoko Wolf, contribuyó a este informe.