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Las cifras parecían “increíblemente bajas”.

Así se sintió Adeline Roza, estudiante de secundaria, cuando se enteró en agosto de que su escuela adoptaría los parámetros recomendados por el estado de Washington para determinar cuándo se reanudarían las clases presenciales.

La decisión de su colegio fue consecuente con las pautas de los funcionarios que administran la salud en Washington. Pero Roza, una estudiante de último año de la Seattle Preparatory School, se preguntó qué se ocultaba en esas cifras. Así, comenzó a revisar documentos de salud pública de los estados de la Costa Oeste y algunos otros.

Lo que descubrió la sorprendió: En gran medida, los estados utilizan parámetros para evaluar cuándo y cómo regresar a clases, y Washington parecía encontrarse entre los más precavidos.

Education Lab es un proyecto de The Seattle Times que presenta enfoques esperanzadores para los constantes desafíos que enfrenta la educación pública. Se creó en sociedad con la Red de Soluciones para el Periodismo Solutions Journalism Network y es financiado con una subvención de la Fundación Bill & Melinda Gates, Amazon y City University of Seattle. Conozca más sobre Ed Lab.

Los hallazgos de Roza se respaldaban en un estudio nacional: Casi la mitad de los estados carecen de marcos de referencia claros en lo relativo a la salud que sirvan de guía para la reanudación, descubrió el Centro para el Rediseño de la Educación Pública (Center on Reinventing Public Education, CRPE), con sede en Seattle.

Washington fue uno de los pocos en facilitar pautas claras que vincularon las cifras de casos con las clases presenciales. Y las cifras de Washington son mucho más cuidadosas de lo que recomendó un grupo de investigadores.

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“Fue entonces cuando me di cuenta… de que pareciera que no voy a regresar a clases tan pronto”, dijo.

La mayoría de los estudiantes del estado de Washington han estado fuera de las aulas por más de medio año, aunque algunos distritos de gran población, entre ellos Bellevue y Tacoma, se encuentran considerando un retorno parcial. Toman decisiones basadas en el plan para el regreso que el gobernador Jay Inslee y los funcionarios de salud pública presentaron en agosto:

  • No debería haber regreso a clases, recomendaron, si los planteles se encuentran en condados de “alto riesgo”, que se definen como aquellos en que existen más de 75 casos acumulados por 100,000 habitantes durante un período de más de dos semanas.
  • En áreas con un número inferior de casos, considerados de “riesgo moderado”, los distritos pueden considerar la convocatoria de regreso a los estudiantes de primaria y a aquellos con discapacidades. En las áreas de “bajo riesgo”, los estudiantes de mayor edad, más propensos a contagiarse de coronavirus, podrían reintegrarse conforme a un sistema híbrido de clases presenciales y en línea.

Cuando comenzaron a considerar las pautas para el regreso a clases, los funcionarios del estado de Washington convocaron a docentes, grupos de representación, dirigentes escolares y a otros. Ponderaron las consecuencias en el rendimiento académico y la salud mental de mantener a los estudiantes fuera de los planteles contra los riesgos de disparar los índices de contagio y perjudicar a los empleados de las escuelas si se regresaba a clases demasiado pronto. Los funcionaros observaron luego lo sucedido cuando otros países reiniciaron clases.

Solicitaron modeladores gráficos de la evolución de la enfermedad. Y verificaron qué planificaban los estados vecinos y aquellos contiguos.

Los parámetros del estado de Washington están en el medio si se los compara con los de sus vecinos de la Costa Oeste: más cautos que California, más relajados que Oregón. Luce mucho más cauto cuando se compara con algunos estados del Medio Oeste y Este como Connecticut, donde el límite para el reintegro a algunas clases presenciales (menos de 25 casos diarios por cada 100,000 habitantes) es apenas cinco veces mayor que el de Washington.

“El hecho de que el estado de Washington sea más conservador no es malo, la meta es que el número de casos al día baje cada vez más y más,” dijo el Dr. Thomas Tsai, profesor adjunto de salud y administración pública de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan, adscrita a la Universidad de Harvard.

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¿Pero qué influyó en el cálculo del riesgo del estado al decidirse cuándo las escuelas deberían reanudar sus actividades como siempre? A diferencia de la mayoría de las demás esferas de la vida pública (comercio, transporte, religión), se excluyó a las escuelas del plan de reactivación a cuatro etapas de Inslee. Cuando el reinicio de clases se dejó en manos de cada condado y distrito escolar, a diferencia de Oregón y California, donde los marcos de referencia tienen
fuerza legal.

“Siempre hemos tenido la impresión de que, en realidad, la decisión debe tomarse a nivel local”, dijo en una entrevista la Dra. Kathy Lofy, la funcionaria de salud del estado. “Esta es una de las decisiones más difíciles que hemos tenido que considerar durante esta pandemia”.

También otros estados han aplazado la decisión de regresar a clases, lo cual tiene
antecedentes de larga data de control local ejercido por los comités escolares, dijo Ashley Jochim, de CRPE, principal investigadora en el reciente informe que examinaba las pautas del estado para reanudar las actividades escolares.

“En educación existe una sensación de impotencia y una deferencia ante los ciudadanos que no hemos visto en otros lugares de la pandemia”, dijo Jochim.
Al final de cuentas, las recomendaciones del estado son solo eso: recomendaciones.

Los distritos escolares y los colegios no tienen que ceñirse a ellas y algunos han decidido que no lo harán. Otras fuerzas, como las negociaciones de los sindicatos de docentes y la presión de las familias, juegan un papel preponderante en las decisiones de reapertura.

Se consideraba que la mayoría de los condados del estado eran de “alto riesgo” al momento del anuncio de Islee. Antes del inicio del año escolar, los distritos tendían a cumplir los criterios de voluntariedad del estado: Solo un grupo de los más de 300 sistemas escolares del estado decidió regresar a las clases presenciales, según indican los datos del departamento de educación del estado.

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Enfoque cauto

Al mismo tiempo que Lofy y otros estados trazaban planes, un grupo de investigadores de Harvard y otras universidades observaban de cerca.
“Existía mucha confusión en ese momento con los planes del estado para el regreso a clases”, dijo Tsai, quien fue uno de los muchos investigadores que cumplían las decisiones de los estados.

Uno de los asuntos que causaba más confusión: los estados no usaban medidas unificadas cuando indicaron la incidencia del coronavirus, lo cual remite a nuevos casos entre la población con el paso del tiempo. En tanto el estado de Washington observaba las cifras de casos acumulados en períodos de dos semanas, algunos estados informaban casos en períodos más cortos o largos. Otros estados preferían calcular promedios diarios. Algunos, como Nueva York, basan sus pautas en el porcentaje de pruebas por coronavirus positivas, un indicador de cuánto
se ha propagado la infección en una comunidad. Los intentos de comparar la política de un estado con la de otro era problemático.

Al igual que a Roza, a los dirigentes estatales de Washington los sorprendió la variedad de reacciones de los estados.

“Había un intervalo increíblemente amplio, que creo que nos informaba bastante bien lo que no sabíamos en cuanto a lo que sería la mejor opción”, dijo Lofy. “Pero optamos por un enfoque precavido”.

Para ayudar a normalizar estos parámetros, Tsai, sus colegas en el Instituto de Salud Global de Harvard (Harvard Global Health Institute, HGHI) y otras instituciones usaron modelos gráficos de propagación de la enfermedad y el consenso de especialistas para crear un conjunto de niveles de riesgo que podía usarse de un estado a otro. Cuando las cifras de casos diarios bajaran por debajo de 25, dijeron, las escuelas podrían considerar reintegrar a algunos estudiantes (principalmente aquellos de los grados más bajos y los que tienen discapacidades)
si podían tomar varias medidas de seguridad.

Al tomarse una decisión así, dijeron los investigadores, los estados también deberían considerar el índice de las personas que dan positivo en las pruebas por coronavirus, las hospitalizaciones y si aumentan las cifras de casos, factores que los funcionarios del estado de Washington urgieron a los distritos que tomaran en cuenta).

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“De verdad, esa era la meta: ofrecer datos sobre los que se pudiera actuar para informar a los encargados de tomar las decisiones”, dijo Tsai. La investigación fue noticia a nivel nacional y se ha citado en los planes de regreso a clases de algunos estados, pero no en el de Washington.

En West Virginia, el gobernador Jim Justice dijo que el modelo de riesgo de la COVID-19 del estado se inspiraba en el trabajo del HGHI. Pero los parámetros del estado para regresar a clases eran mucho más relajados que los del HGHI y dejaban por fuera ciertos casos de sus cifras generales, por ejemplo los casos en casas de reposo y prisiones.

Justice denominó los retoques como “una verdadera innovación a partir del modelo de Harvard, en especial cuando se trata de regresar a clases”. Tsai los consideró “inadecuados” y enfatizó la importancia de mantener la transparencia. Después de recibir una arremetida de críticas, Justice se retractó la semana pasada.
Ejemplos como el de West Virginia revelan lo cargado y complejo que es vincular los datos de la COVID-19 con las decisiones políticas, incluso si existen parámetros relativamente objetivos, como el del HGHI y aquellos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

No se incluyeron los parámetros del HGHI en las pautas de la Costa Este, y 23 estados carecen de marcos de referencia de salud pública que se vinculen en lo absoluto con el regreso a clases. Cuatro de esos estados (Texas, Arkansas, Florida y Nueva Jersey) en efecto decretaron clases presenciales sin tomar en cuenta los índices de transmisión del coronavirus, descubrió el CRPE.
La falta de coordinación y difusión de requisitos dan lugar a la actual “crisis de confianza” y el fervor político en cuanto a la reapertura de las escuelas, dijo Jochim.

El estado de Washington ha hecho un buen trabajo aclarando sus recomendaciones en comparación con otros sitios, dijo. Pero la falta de congruencia con otros estados sujetará sus pautas a vigilancia más allá de su control.

“No puedo asegurar que se trate de un conjunto correcto de marcos de referencia”, dijo Jochim. “Las consecuencias son duras: una normativa más conservadora implica que las escuelas permanecerán clausuradas por más tiempo. La normativa más relajada contribuiría a reducir la [respuesta] ante la pandemia. Ultimadamente, debemos tener más discusiones en cuanto a estas normativas”.

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Toma de medidas

En Washington, poco a poco se relajan las políticas de clausura de las escuelas.
Cuando el condado de Pierce pasó del “alto riesgo” al “moderado” a medida que disminuían las cifras de casos a principios de septiembre, los funcionarios de salud pública comunicaron por escrito con los dirigentes escolares que podían consideran reintegrar a los estudiantes de primaria en los planteles. Los distritos escolares respondieron de inmediato: el mismo día, la mayoría de los distritos escolares, incluyendo las Escuelas Públicas de Tacoma, emitieron un comunicado conjunto con la intención de bosquejar planes de regreso a clases.

La semana pasada, Tacoma oficializó sus planes. Los niños de preescolar hasta segundo grado regresarán a clases en jornadas de clases presenciales de medio tiempo después del 28 de septiembre.

Los funcionaros de Tacoma dicen que las variaciones de la orientación durante el verano, incluyendo una directiva inicial del superintendente del estado en junio, y las nuevas declaraciones de los funcionarios de salud pública han ocasionado estrés y confusión.

“Por el amor del cielo, espero que la familias les den un respiro a sus distritos escolares y les tengan un poco de piedad porque nos han halado en varias direcciones en diferentes momentos mientras los dirigentes han cambiado el sentido de su pauta sobre lo que deberíamos hacer para trabajar por los estudiantes”, dijo Dan Voelpel, vocero del distrito. “Para nosotros ha sido frustrante y solo puedo imaginar lo frustrante que es para nuestras familias”.

En el condado de King, donde se encuentra la escuela a la que va Roza, el promedio por 14 días ha caído a alrededor de 59.5 por 100,000 habitantes hasta el viernes. Este dato todavía supera en gran medida la marca del estado para regresar a las escuelas secundarias: para lograrlo (incluso si a media jornada), los casos deberían descender por debajo de 25 por cada 100,000 habitantes en el período quincenal.
Roza le envió hace poco un correo electrónico a un funcionario de la escuela comunicando algunas de sus preocupaciones.

“Hoy mi docente de matemáticas mencionó su optimismo sobre el pronto regreso a clases. Eso me sorprendió toda vez que he investigado un poco por mi cuenta”, escribió Roza, quien es hija de Marguerite Roza, profesora de Seattle que enseña política financiera educativa en la Universidad de Georgetown. “Lo que siento es que el límite para regresar a clases es extremadamente bajo”.

Luego, entre paréntesis, escribió: Por lo tanto, no volveremos a clases.