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Ana Lucía Novoa Buitrago está en primer grado, pero desde el cierre de las escuelas está rodeada de niños de preescolar. 

Mientras sus compañeros de la escuela primaria Viewlands de Seattle terminaban la semana pasada su primer mes de clases presenciales, Ana, que es una estudiante de inglés, estaba sola en un salón del preescolar de inmersión en español donde trabaja su madre, cumpliendo con las horas de clase frente a su iPad. Al otro lado de la puerta del aula se escuchaban las conversaciones de niños que tienen la mitad de su edad, jugando con carritos de juguete. 

Ana está ahí no porque sus padres no la quisieran en la escuela, sino porque no tenían cómo llevarla. 

En Seattle, se ofrece el transporte escolar en autobús a una fracción de los más de 16,000 estudiantes que cumplen los requisitos para recibirlo, lo que deja a muchas familias sin acceso a la enseñanza presencial. A diferencia de sus distritos vecinos, las Escuelas Públicas de Seattle dijeron a las familias que solo podían garantizar el transporte a los niños que estuvieran legalmente autorizados a recibirlo, es decir, a los estudiantes sin hogar y a algunos niños que reciben servicios de educación especial. 

Lo que ocurrió fue un efecto dominó: la incorporación de la enseñanza presencial en abril, ordenada por el gobernador Jay Inslee un mes antes, fue mucho más rápida y generalizada de lo que las Escuelas Públicas de Seattle (Seattle Public Schools, SPS) habían previsto. El horario híbrido negociado por el distrito y el sindicato de docentes creó dificultades para que los conductores pudieran realizar varias rutas, y el principal contratista de autobuses escolares del distrito, First Student, había prescindido de muchos de los conductores asignados a las escuelas de Seattle desde el comienzo de la pandemia. Esto dejó a la empresa con menos de la mitad de los conductores que normalmente cubrían las rutas para el momento en el que se iniciaron las clases. Y todo esto se desarrolla en un contexto de escasez nacional de conductores de autobuses escolares. 

Según el distrito, First Student transporta en la actualidad a unos 1,100 estudiantes, en comparación con los 8,400 estudiantes que había en promedio durante el período anterior al cierre de las escuelas el año pasado. 

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El portavoz del distrito, Tim Robinson, escribió en un correo electrónico la semana pasada, “estamos trabajando activamente para poner en servicio más autobuses y aumentar la disponibilidad de transporte para los estudiantes”.

En el último mes, los padres, los empleados de las escuelas y las asociaciones de padres y docentes (Parent–Teacher Associations, PTA) se han esforzado por organizar transportes compartidos para que los estudiantes tengan la oportunidad de ir a la escuela de forma presencial. Decenas de niños que, de otro modo, estarían en los centros escolares, estudian en casa porque sus familias, especialmente las que trabajan fuera de casa, no pueden salir del trabajo en mitad del día para trasladarlos. Varios padres y empleados de la escuela informaron que algunos niños con derecho legal al transporte han sufrido retrasos para obtenerlo. 

“Vemos a los padres publicando en las redes sociales sobre el primer día de regreso a clases, y están tan felices y es una daga en el corazón, porque yo no puedo lograr esto”, dijo Alice Morales-Galvez, una madre con hijos en la escuela Louisa Boren STEM K-8. Sus hijos se han quedado con las clases a distancia porque ella y su marido, Iván Galvez, no tienen la posibilidad de tomarse tiempo libre en el trabajo para llevarlos a la escuela.

Algunos padres, como Heather Hart, una de las madres de la Escuela Primaria Internacional Beacon Hill, fueron contratados por las escuelas para transportar a los estudiantes (con el permiso de los padres). Además de llevar y buscar a sus hijos, que van a tres colegios diferentes, conduce unos kilómetros hacia el sur para recoger a un par de hermanos que viven en la casa de su abuela. 

Mary “M.C.” Nachtigal, enfermera a tiempo parcial en dos escuelas de Seattle, aprovecha su media hora de descanso para conducir hasta su casa, buscar a sus hijos y a otro grupo de niños y llevarlos a la escuela. Otro padre hace el transporte compartido después de la escuela. 

“Soy increíblemente privilegiada, y aun así es difícil”, dijo Nachtigal, que creó un grupo en Facebook para ayudar a las familias con el transporte compartido. A veces, cuando vuelve al trabajo después de haber realizado el transporte compartido, se baja del automóvil e inmediatamente empieza a hacer pruebas de detección de los síntomas de la COVID-19 a otros niños que acaban de llegar al colegio. “Todos los días termino agotada”. 

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Nachtigal, una de las enfermeras que participó en el proceso de planificación de la reapertura, dijo que el decreto de Inslee tomó por sorpresa al distrito.

Dijo que “con tan poco tiempo de aviso, comprendo perfectamente que es imposible ofrecer transporte a todos los estudiantes. “Sin embargo, todo se habría resuelto si la planificación hubiera comenzado el pasado otoño (…) Yo planteé desde el principio que sí, que la educación especial va primero, pero que hay que tener en cuenta al siguiente grupo y al que le sigue. Eso no estaba contemplado en nuestra planificación”.

En Seattle World School, una pequeña escuela del distrito que atiende a refugiados e inmigrantes que acaban de llegar, los problemas de transporte, junto con la preocupación por el coronavirus, son un factor importante que explica el alto índice de inasistencia. A la escuela asisten personas de toda la ciudad. 

“A veces no asisten y muchos llegan tarde. Ni siquiera saben cómo usar el autobús urbano. Se acaban de mudar a este país”, dijo Yuan Bai, que trabaja en la escuela.  

“Era de esperarse” 

No es la primera vez que el servicio de autobuses escolares de Seattle se ve afectado por la escasez de conductores. La falta de personal y la huelga de conductores en First Student provocaron muchos retrasos y la cancelación del servicio de autobuses escolares en Seattle entre 2017 y 2018. 

Esta escasez solo se ha visto agravada por la pandemia, comenta Chris Kemper, portavoz de First Group, la corporación propietaria de First Student. Miles de conductores fueron suspendidos durante el cierre de las escuelas y muchos de ellos encontraron otros trabajos. La contratación de nuevos conductores se tarda más de un mes debido a la comprobación de antecedentes y a la formación adicional necesaria para trabajar con niños.

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Los horarios híbridos de mañana y tarde, como los que se aplican a los estudiantes de primaria, suponen un reto para el transporte, ya que a menudo no hay tiempo suficiente entre la hora de buscar y dejar a los estudiantes por la mañana y por la tarde para que los conductores realicen más de una ruta, dijeron los funcionarios del distrito. 

También significa que los conductores trabajan menos horas, lo que hace que sea un trabajo menos atractivo, dijo Kemper. 

El distrito avisó a First Student para que volviera a contratar más conductores el mes de diciembre del año pasado, pero planificó unos niveles mucho más bajos de pasajeros, dijo Fred Podesta, director de operaciones de SPS. El plan original era que los alumnos de educación especial y los de preescolar a primer grado volvieran primero, y que los demás grupos se incorporaran gradualmente. 

Mientras el distrito y el sindicato terminaban de negociar un acuerdo para el regreso de los estudiantes de primaria, se pidió a Podesta y a su equipo que se pronunciaran sobre los nuevos horarios híbridos. 

“Les dijimos que eso limitaría el transporte que podíamos ofrecer (…) Les hicimos saber que probablemente podríamos llevarlo a cabo para aquellos estudiantes que tuvieran que asistir obligatoriamente y con planes educativos individuales”, dijo Podesta. “Esto no fue una sorpresa después del hecho”. La falta de conductores se ha extendido a otros sectores, incluidos los servicios de transporte compartido que atienden a las escuelas, dijo Podesta, lo que dificulta incluso la búsqueda de otros contratistas y medios de transporte. 

Dado que el distrito prevé volver al sistema de enseñanza presencial a tiempo completo este otoño, Podesta dijo que no espera que esta situación se prolongue más allá de la primavera. 

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Un duro periodo de adaptación 

La madre de Ana, Aura Natalia Buitrago Rivero, inscribió a su hija para que fuera presencialmente a la escuela antes de saber que el transporte sería un obstáculo. El jueves por la mañana, el distrito le notificó que podía disponer de un transporte para Ana para las 11 a.m. frente a su casa, lo que sería varias horas después de que tanto ella como su marido hubieran salido de casa para ir a sus respectivos trabajos. 

Dijo, “es imposible”. 

Cada semana, antes de que Ana llegue en persona a la escuela primaria de Viewlands, recibe correos electrónicos de las Escuelas Públicas de Seattle en los que se le pide que compruebe que no tiene síntomas. 

Es un recordatorio frustrante de la normalidad que su hija, una niña alegre de 6 años que aspira a ser cantante, podría haber tenido; un descanso de un año que pasó frente a un iPad, esforzándose por asimilar las lecciones de inglés. A veces, al esforzarse por encontrar las palabras adecuadas para expresarse, se da por vencida en lugar de hacer preguntas, dijo su madre. 

Un optometrista le ha recomendado el uso de anteojos de mayor graduación, a pesar de que los actuales le fueron recetados hace apenas seis meses. Se queja de dolor de cuello a menudo por estar sentada frente a una pantalla todos los días. 

“Se aprende mejor un idioma comunicándose con los compañeros”, dijo Bai, de World School. “La mayoría de las veces, se ven todas las pantallas negras en las clases”. 

Buitrago Rivero y su familia se mudaron a EE. UU. desde Colombia en 2019, y la pandemia ha sido una auténtica pesadilla para su transición. 

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“Nos estábamos acostumbrando a este país, al idioma, a la comida y luego a la pandemia”, dijo Buitrago Rivero. “Fue muy, muy duro para Ana. Siempre decía que quería volver a su casa”. 

El viernes pasado, en el Cometa Playschool, el prescolar en el que trabaja Buitrago Rivero, Ana estaba entusiasmada con su cumpleaños que se celebrará a finales de este mes y con la idea de volver a la escuela presencial algún día. 

“Me gusta cuando almorzamos en la escuela, jugamos afuera y la mayoría de las cosas que hacemos”, dijo.