Leer en Ingles

Por primera vez en meses, el estudiante de primer grado de Angela Tam no tuvo su crisis de los lunes.

Tam lo ve como si su hijo vislumbrara una vida antes de la pandemia (salidas breves a parques, noches de cine, tiempo en familia) los sábados y domingos. “No tenemos muchos escapes para vivir la alegría. Así que la alegría llegaba los fines de semana”.

Luego, la mundanidad del lunes. “Lo describiría como rabia”, comentó Tam sobre los ataques.

Education Lab es un proyecto de The Seattle Times que presenta enfoques esperanzadores para los constantes desafíos que enfrenta la educación pública. Se creó en sociedad con la Red de Soluciones para el Periodismo Solutions Journalism Network y es financiado con una subvención de la Fundación Bill & Melinda Gates, Amazon y City University of Seattle. Conozca más sobre Ed Lab.

Los padres como Tam se encuentran nuevamente en la primera línea de la educación y el cuidado de sus hijos este otoño y también están asumiendo otro papel fundamental: el de responder a la salud mental. Las escuelas, que durante mucho tiempo han sido una importante puerta de entrada a la atención de salud mental, dicen que comprenden el peso que sienten las familias y están tratando de responder de la misma manera. Los funcionarios de muchos distritos locales, incluyendo Seattle, Bellevue y Lake Washington, afirman que están enfocando
el comienzo del año escolar en el bienestar de los estudiantes.

Al mismo tiempo, los investigadores están trabajando rápidamente para comprender los efectos de la pandemia en la salud mental de los niños, más allá de lo que ya se sabe: los niños se enfrentan al aislamiento y la incertidumbre sobre su futuro. Algunos, con vidas hogareñas difíciles u otros factores estresantes, tienen poco consuelo o espacio para escapar.

Advertising

Los 1.1 millones de niños en edad escolar del estado han estado fuera de las aulas durante casi medio año y la mayoría de estos estudiantes no comenzarán este semestre en los edificios escolares. La crisis del coronavirus ahora se está desangrando, un momento en el que los síntomas de salud mental asociados con la pandemia podrían alcanzar su punto máximo. Los funcionarios de salud estatales han pronosticado que entre el 30 % y el 60 % de la población del estado, o entre 2.25 y 4.5 millones de personas, pueden experimentar síntomas de depresión.

Muchos niños están peor que hace unos meses. Han estado en aislamiento prolongado. Los padres han perdido sus trabajos. Quienes solían reunirse con consejeros escolares o terapeutas han perdido un valioso tiempo de encuentros presenciales con adultos que se preocupan por ellos.

“Existe una preocupación particular sobre nuestros jóvenes y el hecho de que no haya tantos ojos puestos en los niños”, comentó Jennifer Stuber, directora del centro de Forefront para la prevención del suicidio. “Es casi como si hubiera un cambio para enfocarse más en los cuidadores y los padres y prepararlos” para ayudar a sus hijos.

Pero algunos que han dedicado sus carreras al bienestar de los jóvenes, como los consejeros escolares y los docentes, dicen que de repente están recibiendo un apoyo más serio. Es una grata sorpresa.

“Se necesitó una pandemia mundial para que la gente se diera cuenta de la verdadera importancia del aprendizaje socioemocional”, comentó Randi Peterson, desarrolladora del plan de estudios de aprendizaje socioemocional del Distrito Escolar de Bellevue. Peterson dijo que su distrito planea evaluar a sus estudiantes como lo ha hecho antes, pero también utilizará encuestas de cultura escolar y se asociará con los padres para determinar cómo les va a los niños.

Este tipo de esfuerzos requirió un poco de venta previa a la pandemia, comentó Kelcey Schmitz, líder de salud mental escolar en el Centro de Evaluación, Investigación y Capacitación de Salud Mental Escolar (School Mental Health Assessment, Research & Training, SMART) de la Universidad de Washington. Ahora, dijo, “es más sobre ‘¿Cómo lo hacemos?’ para los distritos que estaban abordándolo antes, esto ha acelerado el ritmo”.

Advertising

Las escuelas enfrentan un enorme desafío para ponerse al día. Incluso antes de la pandemia, muchos ya tenían dificultades para satisfacer las necesidades emocionales de sus estudiantes.

Algunas escuelas primarias tienen un solo consejero a tiempo parcial, muchas carecen de un trabajador social y pocas pueden permitirse contratar terapeutas capacitados en salud mental.

Los centros de salud en las escuelas en el condado de King están comenzando a reabrir, pero las consultas de salud mental serán en su mayoría remotas.

Las conversaciones en los pasillos, las charlas informales después de clase (momentos que pueden ayudar a los docentes o al personal a detectar señales de que un niño necesita ayuda) no pueden suceder en un entorno en línea. Las sesiones de asesoramiento remoto son impredecibles: no se puede garantizar la confidencialidad y los niños tienen más problemas para abrirse, afirman algunos.

“Lo que también asusta es que, cuando están en la escuela, los docentes les dan tanto amor y cuidado a los estudiantes y están en sintonía con sus necesidades”, comentó Daniel Gagnon, quien el año pasado fue consejero de medio tiempo en la escuela primaria de Rainier View, y este año trabajará a tiempo completo en la escuela primaria Graham Hill en Seattle. “Ahora que no están en la escuela, ¿quién sabe por lo que están pasando los niños?”

Ojos y oídos

Tam está buscando maneras de ayudar a su hijo. Sabe cómo hacerlo de manera eficaz porque es una consejera de salud mental con licencia para adultos.

Advertising

Finalmente están comenzando a ver la recompensa de semanas de trabajo. Tienen un planificador, donde marcan pequeñas metas. Y conversan. Mucho. Sobre todo acerca de lo que han perdido. C

itas para jugar con los amigos, abrazar a la abuela.
Estamos “continuamente hablando y lamentándonos por lo que no podemos tener porque este mundo es tan caótico”, sentenció Tam, quien es chino-estadounidense, y que conversaciones vulnerables como esta van en contra de la cultura familiar en la que Tam se crio. “Eso la ayuda a dejar espacio para sentimientos que no puede expresar con palabras”.

Pero cuando se trata de si su hijo recibirá un apoyo similar en la escuela, Tam no está segura, pero tiene esperanzas. El apoyo a la salud mental en las escuelas es “un lujo”, indicó, y el acceso no será igual en todas partes. Alimentación, vivienda, internet; muchas familias en su comunidad escolar, la escuela primaria Kimball en el sur de Seattle, todavía no tienen esos conceptos básicos, sentenció.

Necesidades fundamentales

Los problemas de salud mental están estrechamente relacionados con estas necesidades críticas, pero particularmente con la seguridad financiera. Por cada aumento de 1 punto porcentual en el desempleo, según muestran los datos nacionales de la Gran Recesión, hay un aumento del 1.6 % en los suicidios.

Las consecuencias económicas de la pandemia han sido particularmente devastadoras para las familias que no viven legalmente en el país. Estos padres no son elegibles para los beneficios de desempleo e incluso en los buenos tiempos, pueden tener problemas para encontrar un trabajo estable.

Este ha sido el caso de una familia cuya hija de cuarto grado asiste a la escuela primaria Rainier View. Pidieron permanecer en el anonimato debido a su estado migratorio.

Sponsored

Las tensiones de la pandemia se han acumulado. El padre de la niña trabaja como jornalero, pero ha tenido dificultades para conseguir trabajo. Las facturas de alquiler y servicios públicos no se hicieron esperar. La familia tiene una computadora del año 2000, pero sin conexión a Internet. Cuando la escuela de la niña envió un dispositivo y un punto de acceso Wi-Fi, la familia tuvo problemas para conectarse.

Luego, un familiar murió de coronavirus. Su miedo a enfermarse aumentó.
“Un día va bien y al día siguiente es difícil”, comentó la madre de la niña en español, con Gagnon interpretando. “Mi hija está triste y confundida”.

Por ahora, está poniendo su fe en Dios y se está enfocando en los estudios académicos de su hija. “Ha sido muy fuerte al pasar por esto”, indicó la madre.

Muchas familias están comenzando a sentir los efectos de meses fuera de la escuela, indicó Shino Harada, directora ejecutiva de New Traditions, un centro de recuperación para mujeres con problemas de consumo de sustancias. Algunos clientes afirman que sus hijos perdieron servicios críticos de salud mental cuando las escuelas cerraron. Una clase para padres que imparte Harada ha pasado a lecciones sobre cómo las madres pueden manejar el estrés de sus hijos.

“Antes, nos enfocábamos en comunicarnos con los niños”, dijo. Recientemente, dijo, “mi enfoque se ha centrado más en cómo mantener la estabilidad mental”.
Otros afirman que están aprovechando habilidades que ya tienen para controlarse.

“Si me enojo, a veces mi cuerpo simplemente se siente agotado”, afirmó una niña de 14 años que vive en View Ridge y tiene un trastorno del estado de ánimo controlado. “Entonces, cuando lo siento, es una señal de que estoy mental, emocional y físicamente agotada y debo hacer algo al respecto”.

Advertising

“¿Por qué no lo sabemos?”

Las escuelas y los investigadores se apresuran a comprender cuán graves pueden llegar a ser los problemas de salud mental de los niños y cómo pueden evitar una crisis.

A diferencia de los registros públicos diarios de casos de coronavirus que mantienen los funcionarios locales y estatales, no existe dicha documentación para eventos de salud mental, como el suicidio.

Esta es una frustración molesta para Stuber, quien se está asociando con la Oficina del Superintendente de Instrucción Pública para enviar consejos prácticos de salud mental y otra información a las escuelas. Ella y sus colegas también están capacitando a los docentes y el personal de 48 escuelas secundarias de Washington en técnicas de prevención e intervención del suicidio. A Stuber le preocupa que los suicidios de algunos estudiantes no se den a conocer o que las escuelas no los noten. Por lo general, al estado le toma un año o más reportar tales
datos, afirmó Stuber.

“Esto es lo que me mantiene despierta por la noche”, sentenció. “¿Por qué no lo sabemos?”

Un equipo de investigadores de la Universidad de Washington puede proporcionar una instantánea más rápida de los efectos de la pandemia en el bienestar de los niños, aunque no están recopilando datos específicos sobre el suicidio.

Soojin Oh Park y Holly Schindler están diseñando un estudio longitudinal que examina los vínculos entre las distintas situaciones económicas de las familias, los resultados educativos de los niños y la salud mental. Esperan inscribir a 600 familias este otoño.

Advertising

“Queríamos poder investigar y recopilar información que sea relevante para lo que las familias están experimentando en este momento con la esperanza de poder ver los datos con mucha rapidez”, dijo Schindler, profesor asociado de educación.

La investigación tiene como objetivo analizar las fuentes de estrés de las familias,
particularmente entre las comunidades marginadas, afirmó Park, quien es profesor asistente de educación.

Comentó: “con suerte, las historias descriptivas que podemos contar sobre una base más amplia… podrán pintar una imagen de urgencia”.

Recursos de salud mental para jóvenes

● Para una emergencia que ponga en riesgo la vida: comuníquese con el 911.
● Para la prevención del suicidio, póngase en contacto con la Línea Nacional de
Prevención del Suicidio y conéctese con los recursos locales:
1-800-273-8255 (Inglés)
1-888-628-9454 (Español)
1-800-799-4889 (Sordos o con problemas de audición)
● Para otros recursos específicos para jóvenes, siga este enlace.